jueves, 27 de septiembre de 2007

tributo a Alicia


Las olas se fueron y un pez me habló.
Se llevaron todo: las lágrimas, las desolaciones, los espejos rotos, los vacíos, las letras partidas.
Me dijo (el pez) un secreto al corazón: "tum, tum ¿quién sueña?... El mar es grande, hay mucho espacio para crecer en él; por eso no estoy en un estanque, en una pecera... ¿y vos?"
Y yo, sirena que vive de sueños había olvidado mi propia verdad y sólo sentía el dolor de las nuevas escamas.
Pero la voz del mar, la del pez, me recordó los colores. Me recordó su presencia, su abrazo de agua.
Se disiparon así las nubes que oscurecían el horizonte en mis ojos.
Y me puse un vestido bordado de sueños y salí..





... a rumbear el asfalto, a saltar tres saltos, a pasear en biciclutez, a pintar cuadernos, a escribir notitas en la libretita del bolsillo de la mochila, a hacer temblar gelatinosos pensamientos, a tomar tés verdes con una cucharadita de miel, a cantar en la ducha mañanera, a saltear cebollas sin nanas, a darle cuerda al reloj despertador, a sonreírle a cualquiera aunque no me comprenda, a enamorarme de todos, a leer y leer hasta que las pestañas mueran, a sentir el perfume de las veredas, a tocar timbres y puertas de mis amigos, a leer Las Aventuras de Alicia antes de dormir, a mirar el techo cuando ya no quiero nada y a escapar de las rutinas siempre que las descubro.



"¡Todo es mentira!" cantó el océano. Y confío en sus palabras sin dudarlo, aunque no lo pueda comprender del todo, aunque sólo vea su horizonte azul que se arquea... y pareciera no tener fin.



Yo te miro desde acá y sos infinito, pero sé que hay alguien del otro lado, que mira hacia acá y me piensa en el infinito también... y no hay verdad.

domingo, 23 de septiembre de 2007

CARACOL



EVOLUCIÓN, cambio, giro lingual, (R)evolución


CRECIMIENTO, aumento de volumen, también de su brillante pisada


EXPERIENCIA, senibilización antenal, más y más marcas en la espalda


INDEPEDENCIA, desconexión y autoabastecimiento consumista




¿A dónde pensabas llegar después de todo? Detrás tuyo sólo queda una baba instantánea y fuera de tu absurda burbuja el universo se extiende a tus pies, lejano e inalcanzable. Y endureciste tanto tu cuerpo para creerte grande, que ya no te entra la mueca de la risa, el último puente antes de la soledad.



Infinito fuera del pequeño mundo del caracol, que se despliega en la imaginación de los que viajan por las nubes porque no querían pisotear ese gel baboso, imagen que reluces en las falsas utopías: dejanos soñar tranquilos, con los pies entre la tierra y mirando las burbujas (brillan al sol, se elevan, se pierden, estallan).

lunes, 17 de septiembre de 2007

...
........EL........
.......TIEMPO........
.............ES...............
................EN..................
...................MI.....................
..................UN...................
.............ARBOL...............
...........QUE..............
.......CRECE.......
+
+

+
...
LENTAMENTE

viernes, 31 de agosto de 2007

vacíos


Las palabras no sirven de nada.

No llegan a dejar ni un poco de esta piel de gallina, del viento frío y el sol tibio que se esconde. Hay dos edificios altos y entre medio de ellos un pasillo naranja que llega hasta acá, la plaza, extinguiéndose lentamente.

Nada puedo decir, no me alcanza el inmenso universo que me rodea para reprodcir, o al menos simular que, este pequeño momento.












(Alguna vez tuve un ángel guardián, frente a la puerta como las esfinges de La Historia Interminable: pregunta acertada o mueres fulminado. Hoy me olvidé de los acertijos y de las esfinges... estoy lejos, en una ciudad que relampaguea y mis ojos se conforman con la gelatina imaginaria. Las calles se inundan... y el río se hace voz de mis ojos.








El agua... se lleva las lágrimas que no derramo cuando las necesito, cuando necesito el dolor, un baño fresco de soledad para reverdecer en un nuevo día, en nuevas dudas, nuevas risas, nuevos soles entre los edificios).











Me ex-presiono en la simultaneidad de la palabra y el pensamiento y sintetizo en un canal la desdicha y la pasión, la curiosidad y el hartazgo. Emociones virtuales en vísperas de la desolación.








Y no me alcanzan. Porque no alcanzan a decir las miles de palabras de este reducido espacio. Y termino en el renglón y no hubo nota al pié.


Quedó finalizado, muerto entre los paréntesis. Pero continúa vacío.


Las palabras no dicen, simplemente dibujan garabatos, se recortan en el cielo del atardecer como ramas de un árbol caduco.








Y en tu cabeza, lector, en tu voz imaginada, se cansaron de ser eco...


sólo queda un escape, un punto de fuga, una salida de emergencia, un frasquito que dice "bébeme" y aunque la llave todavía está en la mesa de cristal podés nadar para salvarte... sólo una posibilidad para éstas letras partidas: llenalas ¡por favor! con tus más bellas experiencias.


A mi no me sirven,


de nada.

domingo, 26 de agosto de 2007

...en el fuego




Circuela Cuchulifa que pasea en biciclutez, vuelve apresurada a mirar por la ventana mientras se seca las manos en el delantal, para cuidar que el cerdo que esconde el vecino no les quite, otra vez, la comida a sus perros.
Destapa la olla y el arroz yamaní borbotea.
Boinado lee una revista de historietas de historias de arroz con pollo y ciudadanos que miran la TV.
Se mueve porque el aroma de la cocina lo marea y en vez de leer "arroz con pollo" lee "espinacas" y en vez de ver caritas de ciudadanos que miran la TV ve Cuchulifas por todos lados.
Revista abierta hacia abajo, mirándose con la mesa, el humo de una colilla que sube despacio y Boinado atravesando la breve distancia entre Circuela y él.
Circuela Cuchulifa filosofogando sobre la alimentación de los cerdos (preguntándole a sus otras yos si sería una buena trampa darle arroz yamaní a los perros) es interrumpida por la mano del Boinado, con su breve poesía de bolsillo, con su música de calleja; que rodea su cintura y le invade la estática vagabundez con un beso en la nariz.
Lo mira y le sonríe y revuelve con la cuchara de madera.
Juntos revuelven charlas y a modo de conclusión, de episodio visible, intercambian un par de palabras, de la estirpe de las que esconden el gran iceberg de sentimientos.
- ¡Qué rico olorcito a comida!
- Y qué leías, ¿el de Hugo Sami?
- ¿Cuál cerdo? ¡¡Los vecinos nunca tuvieron mascotas!!
-Pero estoy más que segura, se mete en el jardín a la noche y se revuelve las sobras...
- Mirá si van a pasar tantas cosas sin que nos enteremos... nos quedamos toda la noche mirando si querés.
- Mirarte a los ojos, me encanta, pero me gustaría dormir porque mañana me toca pasear y no arreglé mi biciclutez.
- Si no te animás... después no me vengas con falsofofadas.
- ¡¿Cómo que qué?! Mejor así no vengas más a comer, ya no me importa.

El arroz se empieza a pegar en el fondo de la olla y Circuela Cuchulifa reacciona. Suena el timbre. Corre al espejo del baño, se acomoda el flequillo y revisa el aliento. Se mira de nuevo al girar para asegurarse de que ésa era la pollera correcta.
Intenta una disimulada seriedad y baja el picaporte, con una sonrisa de oreja a oreja. Llegó el Boinado.

lunes, 6 de agosto de 2007

Sueños II :... Sobre sueños, ensueños y no sueños.



Todos habitan en los laberintos interiores, en la memoria, en las palabras, en el estómago.

Me acuerdo muchos de los sueños de mi infancia, aunque uelo olvidar qué pensaba y sentía de ellos: hay pensamientos y sentimientos que nunca se guardan en la cajita de los recuerdos.



No recuerdo cómo era la risa cuando tenía 10 años.







Hay sueños que se caen al piso y se chocan con la vereda (aunque yo esperaría que reboten o la atraviesen, al final de cuenta son sueños, ¿no?). Y se descubren a sí mismos como no-sueños, también llamados de otras formas, como realidades, compromisos, verdades, el mundo del hoy, el de los noticieros.

Está bien que caigan, es preferible perderlos.

De éstos hay de sobra.








Hay sueños que vuelan como globos de helio, se van a jugar con las nubes o con un pajarito. Si es verano les gusta volverse burbujas en la plaza y en otoño se dejan llevar por las lluvias torrenciales. Se escapan y descubren que tenían forma de ensueño, con alas cortas pero brillantes, con manos fuertes pero impacientes.

Nacieron para volar y transfigurarse, para vagar de soñador en soñador, no sin antes de marchar dejarles una sonrisa en el alma.

En parte quedan y en parte se van.

Si uno por casualidad descubre un ensueño, no debe despreciarlo ni abusar de él: sólo es recomendable disfrutarlo mientras se quede cerca, porque se irá sin avisar.







Hay sueños que tienen fuerza propia, manos, alas, miradas gigantes. Te hacen sentir que te caaés o que estás volando de verdad y no sabés si creerles, porque parecen ensueños y también realidades.

Pero resulta que ahí están de nuevo, cosquilleándote la panza o empujándote a ir un poco más. No se vuelan ni se caen.

Son nubes, burbujas y plumas, que te envuelven y juegan con tus sentidos, se ríen de tus pensamientos y se esconden atrás de los árboles. No se perden ni se olvidan, son como una sombra, a veces invisible a tus ojos, que te acompaña siempre.

Sueños de toda la vida, tan pero tan grandes, que atraviesan la noche y la almohada, que se despegan de tus ojos y le hablan al corazón, caminan con los pies y abrazan con las manos.

Quien descubra que los ojos, los pies, las manos y los latidos están apretando un sueño; no debe olvidarlo, no debe despertar: recomiendo mantenerse siempre soñando.


domingo, 22 de julio de 2007

<- - .*· Sueños / I ...


La lluvia hace decantar las palabras, mezclándose con el insomnio y las ganas de dormirse ya, las líneas manchan de a borbotones las hojas blancas y la mano sigue un impulso infinito, desconocido.

Anoche tuve un sueño de esos que te dejan escalofríos a la mañana (¿dónde estoy cuando sueño?)… sueños que se sienten con los sentidos … de superficie texturizada, gelatinosos, profundos.

Ahora, antes de dormir y seguramente soñar, vuelve el escalofrío, el sabor lejano de ese anoche. Estaba ahí en un lugar sin nombre, viviendo. Y después de haberlo transitado misteriosamente me queda una experiencia, un aprendizaje, un registro en la memoria corporal: un contacto más con aquello que llamamos mundo y en el momento que lo nombramos es …
El vasto campo de los sueños floreados y resecos, todavía desconocido e infranqueable, reproduce para su preservación mágica miles de sitios ocultos, cuevas, lagunas, pozos y nubes que tapan el sol.
Y nosotros ¿seguiremos buscando un nombre que lo unifique todo, incansablemente? ... hasta que hallemos la forma de ser “en el mundo” sin necesidad de necesitar ni de distinguir entre la vida y los sueños …
Hasta entonces enciendo una velita a la noche, para no quedar completamente a oscuras.

viernes, 6 de julio de 2007


-¿Lluvia otra vez?-Preguntó una voz chiquita.

Nadie le respondió, sus palabras hicieron ecos y volvieron como fantasmas. El agujero del techo se hizo un poco más grande y las gotas verdes entraron sin compasión.

La vocecita abrió el paragüas de siempre para esperar que pase, aunque cada tanto espiaba hacia arriba, tratando de ver qué había más allá: como siempre, afuera hay sol.

Nadie ve la lluvia y nadie responde, tal vez por eso es verde.



-¿Esa voz otra vez?-Preguntó la cabeza.

Nadie respondió, los pensamientos vagaron por la memoria y se perdieron en laberintos sinsentido. El mundo de los sueños se hizo un poco más distante y el silencio encontró un nuevo rincón.

El cuerpo siguió caminando para hacer como si nada hubiera sucedido, pasando el puño por los ojos, aunque cada tanto se lleva la mano al pecho, para verificar que siga latiendo: como siempre, adentro hay una voz.

Nadie escuchó los pensamientos y nadie secó las lágrimas, para eso está el sol.

jueves, 28 de junio de 2007


LA DESMEMORIA


Legajos, claves, contraseñas, D.N.I., C.I., fórmulas, password, números, CUIT, CUIL, teléfonod, Pin, palabras clave, códigos, direcciones, fechas, horarios...

Cómo no olvidarme de las cosas importantes, si me llenaron e porquerías el disco rígido.

sábado, 19 de mayo de 2007

Carnaval - Herida que surca la mirada




La tarde raya con sus últimas luces las baldosas, recortándose anaranjada entre los edificios, las antenas, las chimeneas, los tanques de agua; atravesando las hojas amarillas y marrones que bajan de sus ramas a bailar con el viento. El azul profundo, el verde oscuro, el gris metálico invaden la plaza lentamente y comienza un desfile de gorros, bufandas y guantes, ecos de la tos, pasos apretados, alientos gélidos que deambulan por los caminitos.
Observo el espectáculo sentado en un banco de madera un poco alejado, a mi lado los fantasmas sacuden las hamacas. Ha sido un día agitado, de muchas idas y vueltas, intenso. Llegué hasta aquí de casualidad y el otoño me invitó a contemplarlo un rato, bajo un lapacho que se desnuda lentamente y su aspecto espinoso me invita más bien al dolor. Cansado de tanto trajín, me dejo caer en la madera y pongo mi bolsa a un lado. Sin darme cuenta los párpados caen, los ojos se cierran …




Imágenes que provienen de otros tiempos invaden mi cabeza: Recorría la ciudad como una brisa fresca, me volvía volátil, liviano, me esparcía como gotas de agua en la mañana. El sol calentaba la tierra y el celeste interminable se resistía a las nubes y las lluvias. El aire perezoso apenas lograba mover el calor de un lado a otro y a los árboles no les alcanzaba su propia sombra para descansar. Las calles transpiraban sueños de siesta, ronquidos bajos, vidrieras tapadas, persianas cerradas en cada ventana.
Me crucé con un auto cada tanto y con algún caminante que divagaba bajo el sopor amarillo. Cuando pasé por la plaza, la fuente tenía poquísima agua, apenas unos borbotones y chorritos cortos que parecían hervir más que fluir constantemente.
En mi onírico vuelo veía, las esquinas, los techos, la calle y las veredas, los perros y los mosquitos arremolinados sobre el pasto de la rambla.
Entonces recordé algo viejo, de la niñez. Aburrido de tanto vagar, empecé a cantar unas letras compuestas por nadie pero conocidas por todos; bajito primero, casi sin pensarlo y un poco dejándome llevar por el momento (debo aclarar: para quien nunca soñó que volaba, es una sensación única flotar por el aire sin pesar nada, sin ataduras, mirando el mundo desde un lugar diferente, yendo de-acá-para-allá con un breve impulso), decía entonces que cantaba.
La vida por allí abajo dormitaba y hacía oídos sordos a mi melodía, a pesar de que estaba allá arriba, por entre las cabezas. Pensé que a nadie le importaría entonces lo que yo hiciera, pues en mis etéreas vueltas me volvía invisible, así es que solté con ganas la voz y dejé que la canción brotara a gritos (igualito a cuando me emociono cantando en la ducha).
El recorrido se intensificó y viajaba velozmente por los rumbos del cemento, por las copas de las plazas, entre balcones amontonados, alrededor de torres silenciosas. Ahí fue cuando me empecé a sentir gigante, interminable. Me empezaron a pasar cosas raras: Un pié se me tiñó de verde y otro de turquesa. En una mano me brotaron lunares amarillos y del ombligo me empezaron a caer brillitos de colores. Las rodillas se pusieron a temblequear y por debajo de la media me asomó una serpentina violeta que se enroló hasta la cintura y se sacudía con el viento.
Una vorágine de sonidos se acoplaba a mi canción desde un recóndito lugar, como un eco que llegaba de rincones ocultos; esos espacios que no veía desde allá cuando pasaba a tanta velocidad y me arremolinaba sobre la siesta aparente. Y eran voces lejanas, pero que conocían también la canción, multiplicaban sus melodías …¡¡Tanto barullo armé sin siquiera buscarlo!! Miradas curiosas se asomaron por los huequitos de las persianas, después se levantó alguna ventana, más tarde alguien abrió la puerta. Ojos al cielo, pies hacia las veredas, encontrándose. Caras marcadas por las almohadas que se espejaban al otro lado de la calle, sorprendidas.
A todo esto yo seguía girando y circulando y ya no podía controlar las serpentinas que ahora se enroscaban por todos lados, mi nariz estaba colorada y mi boca grande y los dientes de colores y los brazos que se me iban por el aire y las serpentinas que salían hasta por las orejas, el corazón latía fuerte y mi ombligo seguía despidiendo brillos y eso me sacudía el estómago y me hacía cosquillas y perfumes en los poros. Mi canoso pelo se volvió un arco iris flameante y las piernas tenían más rayas que un tigre. Manchas, roles patas arriba, parches, lunares, pedazos de otras cosas, saltitos, notas partidas, ritmos contrapuestos, juegos sin reglamento, colores desarmónicos, palabras al revés. La confusión plantó bandera y creí que nadaba en vez de volar, y que me quedaba en un lugar y no pasaba por todos lados. Sentí que el suelo temblaba y no latía mi corazón y soñé que estaba despierto y no soñaba para despertar.
La música y los colores desbordaron lo inabordable y las puertas se abrieron de a cientos y de par en par. La lluvia de brillitos disipó el calor y todos querían empaparse hasta el final. Los perros, las miradas, los remolones, el agua de las fuentes, los mosquitos, los caminantes perdidos, las antenas sordas: todos se mojaban y festejaban y también a ellos les crecieron las serpentinas desde los pies y se les pintaron las orejas y las bocas se agrandaron y los corazones se transfiguraron.




Una ráfaga helada me despierta. Tiemblo y estornudo y saco las manos de los bolsillos para frotarlas. La sombra ocupa el abandonado escenario y las hamacas inmóviles dejaron de chirriar. Busco un saco en mi bolsa y le agrego una vuelta de bufanda al cuello. Por la calle vacía pasa estruendoso el camión de la basura.
“Qué frío que está todo” pienso, y me levanto despacio a buscar un refugio para pasar la noche.