jueves, 17 de mayo de 2012

10 u 11 de marzo



son tantas cosas juntas
o que convergen hoy
aquí, ahora
en mi cabeza-cuerpo

cómo decirte del río que nace
cómo esta profundidad
se transforma en nube
se hace aroma sobre el cuerpo

la infancia en punto fijo
las decisiones que me me traen
hasta acá, la vida
que me llevó a tu orilla

no voy a pedirte que te quedes
nunca pido nada…
pero estos ojos se llenan a la mitad
y se duermen…

escucho el cascabel en
sobre tu pecho
un pájaro sobre
en mis piernas

y los pies de caminos estrechos
se elevan…
la luna se hunde en tu espalda
que dice adiós.
Yo me hundo en la cama
sin sueño.

escribo.

el temblor está sacudiendo
los días
las palabras no serán las mismas
cuando se vaya
la tormenta.

Chau.

martes, 24 de abril de 2012

Un solo día en la ciudad, y mis ojos se pusieron rojos. Literalmente. Soñé con mi hogar, y en mi sueño tenía la habilidad de viajar a través de diferentes realidades. Pasé la lengua por muchos lugares, por muchas personas y por muchos recuerdos. Tenían gusto un poco amargo, pero amargo como el café, que viene bien de vez en cuando y si lo tomo con otras cosas, puede ser delicioso. Me desperté con dolor en mis alas. Y también, literalmente, con los ojos rojos.

viernes, 20 de abril de 2012

Hasta el Diablo es Santo y los Santos son Diablo; cualquiera sea, todo tiene un tiempo bajo el sol

Miércoles 21


[Palabras de antes, tristes al punto de que me cuesta volver sobre ellas... pero que son parte de mi corazón, y es momento de que empiecen a transformarse en pájaros.]



A dónde está la sorpresa. A dónde la incertidumbre, la aventura. El corazón se me fue de lugar, no sé bien a dónde.
Un agujero se está abriendo, invitándote a meter la mano ahí, para llevarte un puñado de este vacío. ¿a dónde está el amor?
Tan cobarde resulta mi voz, tan ausente de esta ciudad imaginada. Sólo este cuaderno perdido en una casa húmeda ¿quién me abrazará cuando ya no pueda llorar?

Poco a poco he perdido mi autonomía. Hasta el espejo me grita en la cara. Dejaré que las plantas del patio ocupen toda la casa, que me coman los caracoles y las hormigas la piel ardiente.

Dejaré que todo suceda.

Pero yo no puedo suceder, me quedo parada frente al mar sin atreverme a que la sal bese mis pies, sin dejarme llevar por la ola.
Las alas sin fuerza descansan en mi espalda.
El cuerpo mutilado por el descuido, ansioso de una mano que lo recorra sin trabas, inmóvil, sosteniendo el llanto que se hace río, se hace costumbre
(se va hacia el mar, es lo
único de mí que llega a él)

No me comprendo.

¿cómo podría comprenderte así?

Tengo miedo, el amor me ha penetrado muy profundo. Parten de mi
imágenes, desos y palabras que enterré como un tesoro –parte de un juego de la infancia- del cual nunca dibujé el mapa.


Siento el ardor de la carne como si supiera lo que se siente al arder en el fuego. Siento al viento que atraviesa la calle y no entiendo por qué no me lleva.

Quisiera no sentir tanto. Sonreír, como si nada sucediera y después reírme a carcajadas de todo, reírme con vos, reírme sola en casa cuando pasan las horas y la tarde oscurece las habitaciones. Quisiera no querer. No sentir.

Estoy demasiado pesada para flotar.

martes, 27 de marzo de 2012

¿Dónde están mis raíces? Es como si de pronto todo se cayera. Y cuando mis brazos se estiran y buscan tierra sólo encuentran aire. Me mordí mis alas para volverme manso. Usé mis lágrimas para empapar mis plumas y quedarme en el árbol, y el solo las volvió a secarlas... Un sol ardiente, lejano, que me hizo transpirar utopías del pasado, un sudor que tocó mi piel helada y condensó en un líquido pegajoso que volvió a pegar esas alas a mi alma. Mis pies dolieron, sangraron y se resquebrajaron, para dejar ver entre las grietas las garras de una codicia que se niega a abandonarme. Llora la luna.
Una lágrima, mis raíces
Dos lágrimas, mi sangre
Tres lágrimas, mis ojos
Cien lágrimas, el pedazo de alma que dejé en sus brazos. Cuidala, querida Luna, que voy a volver a reclamarla. No puedo saber cuándo. Pero es mía, mi alma, y no puedo renunciarla. No mientras llueva. Y no mientras esté solo bajo la lluvia

sábado, 17 de marzo de 2012

espejitos/espejismos




Un laberinto de espejos
que se destroza mientras avanzo
los reflejos deformados
se deshacen
en mi nariz
una serie de imágenes
flota desde mi interior
yo también jugaba a las muñecas.

Me gusta dormir en tu mitad de la cama
pero el sueño no es el mismo
las horas pasan sin que brote la risa
y el mundo se vuelve oasis
en mis ojos.

Despedir a un amigo
abrazar
el tiempo entre mi ayer
y el tuyo.

         ¿por qué duelen los adioses?

Quiero dormir
pero hay un péndulo en mi cabeza
           vaivén
entre coyuntura y deseo.
El presente es una mentira.

Salvo que naciera de mi frente
un río correntoso
como el que baja de la montaña
salvo que el cóndor viniera
a visitarme
con una mutisia de regalo.

¿a dónde te vas si ahora estás acá?
¿a dónde me iría si me quedo?

Delicadamente, intento asesinar
lo que siento
con unas pocas palabras.

Sólo consigo desangrarme
(con un poco menos de dolor). 

jueves, 23 de febrero de 2012

tiempos




Cada ser tiene su tiempo

tiempo de expresarse y de decidir
tiempo de equivocase y aprender

Ahora

miro mi tiempo en esta carrera...
he corrido detrás del conejo blanco,
he caído en el agujero

y aunque desperté del sueño
                   más de una vez

Decido

sentarme a la mesa
y tomar el té con unos locos
aunque no comprendo del todo sus reglas.

jueves, 19 de enero de 2012

El Ladrón de Finales

- ¡¡¡¡YYYYYYY A AQUÍ ESTÁ!!! EL FAMOSO PERIODISTA GANADOR DE TRES PREMIOS PULITZER, EL SEÑOR ALEJANDRO TADELA!!!!

(Aplausos)

- Muchas gracias, muchas gracias a todos, y felicidades Hernán por tu genial conducción. Es un gran honor estar presente esta noche tan especial. ¡Pensar que solamente me llevó toda una vida de trabajo ser famoso! -

(Risas)

- En fin, se supone que debería haber ensayado y memorizado mi discurso, pero si no se ofenden voy a sacar estos papelitos y leerlos, les juro que los escribí yo... -

(Sonrisas; aplausos)

"La primera vez que conocí al Ladrón fue a mediados del año 2008. En esa época yo estaba terminando la carrera de periodismo por lo que me encontraba enfrascado en estudios y en investigaciones. Sin embargo, era para mí imposible a pesar de mi escaso tiempo libre dejar de leer los libros de Alejandro Dumas. Y fue aproximadamente un día como cualquier otro de junio, lluvioso, frío y solitario, cuando estuve a punto de terminarlo. Cuando llegué a la penúltima página, encontré que la siguiente no estaba. Es decir, toda una página de palabras que encerraban la conclusión de una historia estaba arrancada con toda la prolijidad posible. Y, en parte de adentro de la contratapa del libro, con tinta azul y una bellísima cursiva, estaba escrito 'El Ladrón de Finales'. Tal vez alguien haya leído alguna vez, mientras estudiaban días y noches, algún libro para el placer personal. Y, tal vez, hayan leído 'El Conde de Montecristo'. No es gracioso que te quiten la última parte de una novela que te ocupó tus tiempos libres durante cuatro meses..."

(Risas)

"En fin, después de dormir con el ceño fruncido, decidí ir a la librería donde había comprado este inconcluso ejemplar. El empleado que me atendió se mostró sorprendido cuando le planteé mi problema, pero me explicó que pasado tanto tiempo desde la adquisición y sin el ticket (vaya a saber dónde lo había dejado) era imposible un cambio. No tuve objeción alguna, pero le pedí si me podía prestar durante dos minutos alguna edición del Conde que no tuviese envoltorio. Igual no fue lo mismo. Agradecí la ayuda al joven, y volví a casa pensando que seguramente algún amigo me había querido gastar una broma, por más seguro que estuviese que nadie había visto siquiera mi libro.
No fue sino hasta un poco más de un mes que me volví a encontrar al chico de la librería en un bar, yo había salido a festejar un final de la facultad aprobado y él me reconoció enseguida. Mientras tomábamos una cerveza empezó a contarme lo que, en poco tiempo, se convertiría en el trabajo de mi vida. Después de que me fuese ese día, comentó lo que acababan de consultarle y se llevó la sorpresa de que a todos sus compañeros ya le habían reclamado por lo menos una o dos veces lo mismo. Libros que no tenían la última hoja, y todos con la misma firma en la contratapa. La mayoría creían que era algún molesto que se divertía con la gente y no le prestaban atención. Pero a mí ya me había entrado mucha curiosidad. Al día siguiente comencé a recorrer las librerías de la ciudad, preguntando por El Ladrón. Creo que mi corazón latió con fuerza a medida que por lo menos dos de cada tres librerías habían tenido casos o por lo menos ya habían escuchado de alguien que hubiese sido víctima de este misterioso personaje. Por primera vez desde hacía meses dejé de estudiar. Me intrigaba tanto mi descubrimiento que antes de que lo notase ya tenía abierta una investigación casi formal. Busqué los libros afectados, lo cual fue un auténtico desafío. Y mientras lo hacía, fui descubriendo que el criminal literario no se había limitado a las librerías, sino que también apareció en la bibliotecas estafando a Márquez, a Orwell y al pobre Stoker; puestos de libros usados con libros profanados de Bradbury, de Suskind, de Wilde, de Borgues y de Poe; en una preciosa biblioteca ambulante encontré dos obras, una de Cortázar y otra de Dickens, ambas inconclusas. La misma caligrafía, a veces diferentes colores, a veces las palabras inclinadas, pero la esencia era inconfundible. Coleccionaba los libros que encontraba, algunos me los regalaban, otros los compraba. Una vez más, sin que fuese consciente de lo que estaba haciendo, me dediqué más a buscarlo a ÉL que a sus libros. Abrí sitios en la red informando de su existencia. Lo esparcí por las redes sociales. Se publicó un artículo en el diario local, escrito por mí, el cual más tarde vendieron a uno nacional. Otros periodistas también empezaron a investigar y publicar, y la gente se interesó también.
Tanta recopilación de datos y ya era agosto de 2009. Siempre aparecía alguien confesando ser El Ladrón, y uno tras otro demostraban lo contrario. La opinión general era de una moda juvenil, alguien aburrido queriendo llamar la atención, un 'troll' de la literatura. Mi tesis, ganadora de mi primer Pulitzer y del que estoy más orgulloso, tuvo éxito porque en ese marco de opiniones, yo vi otra cosa. En pleno auge de la cultura digital, donde junto con la caída de los libros iba acompañada por la pérdida de interés en la lectura, las librerías se llenaron. Las pocas bibliotecas que quedaban tenían problemas administrativos a la hora de manejar tantos socios nuevos y tantos libros prestados. Le gente leía. Compraba libros. Aparecieron grandes cantidades de escritores nuevos, se renovaron ediciones de clásicos desde Homero hasta Ryce. Además del almacén de barrio, surgieron algunas pequeñas tiendas de libros. Parecía un milagro que en tan sólo un año, los libros hubiesen dado un salto tan grande. Nadie sabía más del Ladrón que yo. Y no tenía idea nada de él, o ella. Porque podía ser un hombre, una mujer, joven o de la tercera edad, a pesar de tantos libros con su autógrafo y de la gente buscando al real en cada pasillo, nadie sabía nada. Una persona, imaginaba en mi búsqueda, amante del papel y la tinta, vigilante de quién sabe cuántas historias en su alma, ni hablar de cuántos finales. Esperando a que nadie pueda descubrir sus actos para arrancar silenciosa y meticulosamente el epílogo para luego dejar su firma. Lo veía saliendo sonriente de cada librería, tarareando en las bibliotecas. Sin saber quién era. Dejé de buscarlo. Sentí que su belleza estaba concentrada en las únicas cuatro palabras que se conocían de él. A veces para transmitir un mensaje no hay que decir nada, y él/ella era la prueba exacta.
En abril de 2010 recibí el mencionado premio por mi tesis, un poco después de recibirme de forma oficial de periodista(¡al fin!). Estaba titulada 'Principio a partir del Final'. Entre tanta caza de fantasmas me las arreglé para conocer a la que sería mi esposa y madre de mi hija, por lo que decidí dejar un tiempo mi pasión y dedicarme a encontrar una nueva casa para mi futura familia. Y una mañana como cualquier otra, fresca y con rocío, me levanté y encontré en la puerta de mi departamento a medio empacar un sobre de papel madera, que alguien había deslizado por debajo de la puerta. Rompí con cuidado un borde para sacar el contenido. Mis ojos tardaron en entender qué estaba viendo. Una hoja, con el número 987 en la esquina superior derecha y las palabras 'Alejandro Dumas' en la izquierda. Tenía en mis manos la última hoja de El Conde de Montecristo. Tuve que apoyar la espalda en la pared para no desmayarme. Me temblaba el pulso. Y cuando estaba por recuperar la compostura, di vuelta la hoja y vi, incrédulo, que debajo de las últimas palabras de la hoja estaba escrito, con tinta azul y una bellísima cursiva,
'Felicidades'

(Risas, aplausos, lágrimas. El público de pie, ovación general)

¡¡YYYYYYY ESE FUE EL GENIAL ALEJANDRO TADELA CON UNO DE SUS GENIALES DISCURSOS!! ¡LO VIERON PRIMERO POR TV9, EN DIRECTO DESDE LA 128ª ENTREGA DE PREMIOS PULITZER! ¡Y DESPUÉS DE TAN GRANDE PRESENTACIÓN, CON USTEDES, TRAS LARGOS AÑOS DE ANONIMATO, FINALMENTE SALIENDO A LA LUZ, EL LADRÓN DE FINALES, AHORA CON EL NOMBRE QUE APARECE EN TODAS LAS NOTICIAS...(clic)

- Dejá de ver la tele y andá a dormir de una vez, hija -

mar



me encuentro con
que mi cuerpo en este mundo no es
más que una huella
sobre la arena
que se va con la próxima ola


y es hermosamente maravilloso

lunes, 2 de enero de 2012

Adiós, DosMil 11, fuiste un año muy interesante. Aprendí cosas valiosas, recibí malas noticias y gané y gasté plata. Todo lo que un año tiene que ser. Pero, para bien o para mal, ese año fue mucho más que eso. Encontré algunas respuestas, pero se me cruzaron un par de preguntas realmente preocupantes. Conocí personas que me dejaron pensando. Aprendí cuál es el costo de mi tan preciada Verdad, el precio de ser honesto. Es amargo, pero reconfortante. Como un té de jengibre. Me gustan los tés de jengibre. Feliz Año Viejo, tengo serias expectativas para el Nuevo.